lunes, junio 27, 2005

 

Sami Naïr y las tres crisis de Europa

EL PAÍS - Opinión - 27-06-2005


El Consejo Europeo del 16 y el 17 de junio marca un hito histórico en la existencia de la Constitución europea. Como subrayaba Jean-Claude Juncker, "se ha producido un enfrentamiento entre dos concepciones de Europa: la de aquellos que quieren el gran mercado y nada más... y la de quienes quieren una Europa política integrada". Y añadía: "Siempre presentí que este debate estallaría algún día". Sí, este debate tenía que estallar... al menos en el ámbito de las élites dirigentes, porque ya había explotado en los referendos francés y holandés. Con motivo de estas consultas, los votantes, entre todas las buenas y malas razones que les han podido llevar a rechazar el tratado constitucional, sitúan en el centro de sus preocupaciones el empleo, lo social, el control de la competencia entre los modelos sociales y la gestión de las corrientes migratorias (¡Eslovaquia acaba de decidir pagar a sus parados para que se expatríen en Europa!). Dicho de otro modo, un modelo de sociedad que sólo puede ser instaurado por un sistema constitucional que corresponda a los intereses bien concebidos de las naciones europeas más integradas. Algo que no quieren ni Gran Bretaña ni las multinacionales, que son, hay que recordarlo, los verdaderos dirigentes en el proyecto de Europa como un gran mercado. Lo interesante de esta crisis es que pone en evidencia esta contradicción y, desde este punto de vista, se puede considerar que la reacción de Tony Blair, que ha apostado por el fracaso de esta reunión para hacer prevalecer su concepción ultraliberal de la construcción europea, es saludable. Pero más allá del papel nefasto de Gran Bretaña en el conjunto europeo, hay que volver al fondo del debate. Esta crisis es el resultado de una triple ruptura.

En primer lugar, ruptura respecto a las políticas económicas y financieras europeas. Ya no hay acuerdo entre los 25 y, probablemente tampoco entre el grupo de los 12 países de la zona euro, para unas políticas presupuestarias redistributivas (Política Agraria Común, fondos estructurales) en el marco de un presupuesto reducido al 1% del PIB europeo. La voluntad manifestada, en especial por Francia, Alemania, Holanda y Bélgica, de reducir el presupuesto a este nivel mínimo vuelve imposible toda política de futuro y convierte el reparto del resto en un campo de batalla sangriento entre los protagonistas. Más grave aún, las prioridades de este reparto ya no son evidentes: ¿por qué la agricultura y no la ciencia y la investigación? ¿Por qué...? Etc. Independientemente de la legitimidad de las pretensiones de unos y otros, esta ruptura en la orientación presupuestaria pone en evidencia una debilidad grave de la Unión: carece de proyecto. O, más bien, tiene como único proyecto el de Europa como un gran mercado, ultraliberal, cuyo símbolo más elocuente es en realidad el lema de la política de la competencia a ultranza impuesto por la Comisión de Bruselas. En cierto modo, Tony Blair tiene razón: quiere una Europa liberal conforme a la política liberal de la Comisión. Detrás de la política presupuestaria de la Unión, lastrada desde arriba por el corsé de hierro del pacto de estabilidad, hay, evidentemente, otras cuestiones que sufren las consecuencias, ¡sobre todo la ampliación! Ésta, tal y como ha sido negociada, es un error. Debilita a Europa en vez de reforzarla. Esto no significa que haya que dejar fuera a estos países, sino más bien ofrecerles una integración digna de ese nombre, una vez que su economía haya alcanzado un equilibrio con las demás. Para que la ampliación sea un éxito, el caso de España así lo demuestra, son necesarios considerables esfuerzos financieros durante un largo periodo. Ahora bien, el presupuesto actual no lo permite.

La segunda ruptura radica en el proyecto. Afirmar que Europa ya no sabe lo que quiere, ya no sabe lo que es y ya no sabe adónde va, es una perogrullada. ¿Quiere un gran mercado? Entonces no necesita un sistema institucional sólido: le basta y le sobra con unos acuerdos comerciales estructurados, un mecanismo institucional ligero y una cooperación reforzada entre quienes así lo deseen en otros ámbitos. Éste siempre ha sido el punto de vista de Gran Bretaña, aunque hay nuevas fuerzas proeuropeas en este país que modifican lentamente este tropismo librecambista.

¿Quiere una confederación política? Entonces no había que entrar, espoleada por las multinacionales y por la Comisión, en la lógica destructora de la ampliación. Había que estructurar Europa alrededor de los 12 países de la zona euro, desarrollar unas políticas comunitarias que, lejos de "renacionalizar" la Política Agraria Común, la tomasen como modelo en materia de investigación y desarrollo y de construcción de grandes infraestructuras, e ir más lejos en la integración social mediante la armonización fiscal, una política común de empleo, etc. Esto habría significado un proyecto claro y, sobre todo, una política monetaria diferente: una política que situase al euro al servicio de Europa, no Europa al servicio de las élites financieras, como demuestra la política del Banco Central. El euro se ha convertido en una moneda que todos rechazan. Y podemos apostar a que dentro de poco asistiremos a unos replanteamientos sorprendentes...

Europa tampoco sabe lo que es, porque se niega a tomarse realmente por lo que es, es decir, un conjunto de naciones con intereses convergentes y divergentes al mismo tiempo. Al ocultar la realidad europea (todavía no hay, en la conciencia de los pueblos europeos, una pertenencia común, aunque haya comunidades de intereses), la ideología europeísta ha hecho un daño considerable al proyecto europeo. Actualmente, diría Freud, se produce una "vuelta de las inhibiciones". Por último, Europa no sabe adónde va, porque no opone un verdadero proyecto a la globalización liberal. Digámoslo francamente: es más un vector que un modelo económico alternativo. La diferencia entre Blair y Chirac-Schröder es menos importante de lo que se dice: Blair quiere una Europa liberal bajo la hegemonía estadounidense, con instituciones de vigilancia ligeras y que utilice los intereses nacionales en beneficio de Estados Unidos; Chirac-Schröder también quieren una Europa liberal, pero más integrada políticamente, para crear un contrapeso al imperio estadounidense. Los socioliberales europeos siguen también esa línea. Ni unos ni otros tienen un proyecto alternativo a la Europa liberal.

De ahí la tercera ruptura, la que recorre todos los países comprometidos en la construcción europea: la ruptura entre las élites dirigentes (políticas, financieras y mediáticas) y los pueblos. Los referendos francés y holandés lo han puesto cruelmente en evidencia. Los pueblos no están de acuerdo. Mil razones explican este desacuerdo -desde una elevada idea europea, social y universalista hasta el nacionalismo y en ocasiones la xenofobia-, pero el hecho está ahí: bastaba con leer algunos de los artículos del tratado constitucional para saber que iba a provocar chispas en determinados países. Esta ruptura no se arreglará fácilmente. Se puede prever un periodo importante de repliegue, aunque los grupos dirigentes actuales van a hacer como si no hubiese pasado nada. Van a hablar de "renegociación", de "nueva Constitución", pero es un juego peligroso, que puede conducir a explosiones nacionales de consecuencias imprevisibles. En realidad, el único modo de salir de esta triple crisis es, en primer lugar, asumirla y tomarse tiempo para esbozar la idea del futuro europeo. Lo que hoy necesitan las poblaciones es un verdadero proyecto común europeo, centrado en la idea de que Europa no es un sacrificio, sino un bien; no una antinación, sino un lugar donde las diferencias nacionales alcanzan su expansión; no una máquina que destruye los vínculos sociales, sino un progreso social; una potencia independiente capaz de actuar en el mundo y no un enano político. Está claro que las élites dirigentes de la Europa de hoy son incapaces de ofrecer este proyecto. Las sociedades civiles europeas deben hacerlo suyo y, a través de un debate serio, abrir las vías para la formación de una verdadera opinión pública europea. Desde luego, no es suficiente, pero es el primer paso para reconciliar Europa con sus pueblos.


jueves, junio 23, 2005

 

Europa y el futuro del capitalismo

Por su sintonía con el contenido de nuestro Manifiesto Europa 2005, reproducimos íntegramente el artículo publicado por Jeremy Rifkin hoy en El País, no sin antes disentir con el prejuicio antiburocrático, típico de los anglosajones, que se vislumbra en el mismo, pues pensamos que un Estado Democrático puede ser tan eficaz o más que cualquier entidad privada en la gestión de servicios, y si no que se lo pregunten a los ferrocarriles británicos, que han tenido que desprivatizarse para salir del caos al que llegaron de la mano de Adam Smith o a la sanidad pública semiprivatizada, que valora el coste de los tratamientos antes de aplicarlos.........., podríamos poner muchos más ejemplos.

Europa y el futuro del capitalismo

TRIBUNA: JEREMY RIFKIN


Jeremy Rifkin es autor de El sueño europeo: cómo la visión europea del futuro está eclipsando el sueño americano (Ediciones Paidós, 2004). Traducción de News Clips.

EL PAÍS - Opinión - 23-06-2005

El sentido de Europa ha entrado en crisis después de que los electores de Francia y Holanda rechazaran la Constitución de la UE. En su raíz se encuentra la profunda angustia por el estado calamitoso en el que se encuentran los asuntos económicos tanto de dichos países como los europeos. Los neoconservadores sostienen que la única forma de superar las actuales dificultades económicas a las que se enfrenta Europa es destruir las décadas de derechos y prestaciones sociales que han llegado a definir la idea europea de calidad de vida en una sociedad socialmente responsable, y liberar el mercado para que pueda desatarse la competencia. Si Europa hace esto, dicen los neoconservadores, la economía crecerá y la población prosperará. Por el contrario, los socialistas sostienen que el modelo estadounidense de mercado liberal sin restricciones, con su énfasis en que el ganador se lo lleva todo, recompensa a los ricos a costa de convertir en mendigos a los trabajadores, y provoca un orden social más injusto y desamparado.

Curiosamente, lo que realmente se está juzgando en la disputa constitucional europea no es la Constitución de la UE, sino, por el contrario, el futuro del capitalismo en sí, no sólo en Europa, sino en el resto del mundo. Cada vez más europeos se preguntan qué es mejor para proyectar el futuro económico: el modelo liberal de mercado o el modelo social de mercado. Los referendos constitucionales en Francia y Holanda se convirtieron en foro delegado para que la gente votara sobre sus esperanzas, sus perjuicios y sus temores económicos.

La evolución de esos recientes acontecimientos me recuerda lo ocurrido hace sólo 20 años, cuando el dirigente soviético Mijaíl Gorbachov, respondiendo al descontento de la población en toda la URSS y en los países satélites de Europa Central y del Este, inició su famosa perestroika. Gorbachov esperaba que la perestroika estimulara una reevaluación introspectiva sobre los defectos y los fallos del comunismo. Su intención era la de salvar el sueño del socialismo reformando las prácticas tóxicas que desde el comienzo del experimento soviético habían convertido la ideología marxista en una burla. Sus reformas llegaron demasiado tarde para un sistema moribundo, y todo el edificio comunista se vino abajo.

Con la caída del muro de Berlín y la defunción de la URSS, el capitalismo ha disfrutado de un indiscutido campo de juego mundial para imponer su voluntad al mundo. Quizá vaya siendo hora de preguntarse qué tal lo ha hecho el capitalismo. Hoy, cuando los beneficios de las multinacionales se disparan en todas partes, 99 países se encuentran en peor situación económica que a principios de la década de 1990. El capitalismo prometió que la globalización reduciría las diferencias entre ricos y pobres. Por el contrario, la división no ha hecho más que aumentar. Las 356 familias más ricas del planeta disfrutan ahora de una riqueza combinada que supera la renta anual del 40% de la humanidad. Los ideólogos capitalistas prometieron conectar lo desconectado, e introducir al mundo pobre en la aldea global de la alta tecnología. La promesa no se ha cumplido. Dos tercios de la humanidad no han realizado jamás una mera llamada telefónica, y un tercio de los seres humanos carecen de acceso a la electricidad, lo cual los deja al margen y aislados del comercio y de los intercambios mundiales. Los adalides del capitalismo prometieron promover el desarrollo económico sostenible y conservar y preservar la frágil biosfera de la que depende la vida en la Tierra. Pero seguimos derrochando las reservas de combustibles fósiles que nos quedan, arrojando cantidades crecientes de dióxido de carbono a la atmósfera, destruyendo los ecosistemas y los hábitat del mundo, amenazando la supervivencia de otras criaturas y aumentando la preocupante amenaza del calentamiento de la Tierra y la perspectiva de que el próximo siglo se produzca un cambio climático catastrófico. Nos dijeron que la globalización, bajo el ojo avizor de los mercados capitalistas, crearía un mundo más estable y pacífico. Por el contrario, el terrorismo está aumentando, viajar resulta más peligroso y el mundo se ha vuelto menos seguro.

¿Por qué han fracasado tan estrepitosamente las dos ideologías dominantes de la era industrial? Porque el principio básico de cada una de ellas no estaba suficientemente templado con el antídoto de la otra, para crear los controles adecuados y los equilibrios necesarios para hacer el mundo más soportable para todos. El principio básico del comunismo se expresa mejor mediante el aforismo "de cada cual según su capacidad, a cada cual según su necesidad". Un principio noble, ciertamente. Sin embargo, en la práctica, el comunismo asfixió el incentivo personal y creó una forma de gobierno paternalista que privó a los individuos de cualquier asomo de autonomía, convirtiéndolos a todos prácticamente en guardianes de un Estado todopoderoso. Al final, nadie se consideraba personalmente responsable de su destino individual y todos estaban sometidos a los dictados de burocracias impersonales regidas por el Estado.

Por otra parte, el principio básico del capitalismo se encuentra en las palabras del economista ilustrado escocés Adam Smith. En la Investigación sobre la naturaleza y las causas de la riqueza de las naciones, Smith escribe: "Cada individuo se ejercita continuamente para descubrir cuál es la aplicación más ventajosa para cualquier capital que pueda obtener. Lo que tiene en miras, en realidad, es su propia ventaja, no la de la sociedad. Pero de manera natural, o incluso necesaria, el estudio de su propia ventaja lo conduce a preferir el empleo más ventajoso para la sociedad". Smith creía que una mano invisible gobernaba el mercado, y garantizaba que al final todos se beneficiarían, siempre que no se pusieran trabas a los mecanismos del mercado. Los economistas y los políticos neoconservadores todavía lo creen.

En realidad, la mano invisible ha resultado verdaderamente invisible. Abandonado a su propia lógica interna, el mercado sin trabas no conduce a un mayor reparto del pastel económico para todos, sino, por el contrario, a un final de partida en el que "el ganador se queda con todo". Cómo si no se explica el hecho de que el modelo estadounidense de mercado sin restricciones haya provocado un aumento de las diferencias entre ricos y pobres, en proporción directa a la reducción de los controles externos sobre sus prácticas comerciales. Actualmente, los beneficios empresariales estadounidenses rozan niveles máximos, los aumentos de productividad no tienen precedentes y, sinembargo, Estados Unidos ha bajado al puesto 24º en la clasificación de los países industrializados del mundo por disparidad de rentas: es decir, la diferencia entre el reducido número de familias muy ricas en el extremo superior y los millones de familias trabajadoras pobres en el inferior. Sólo México y Rusia han obtenido peores clasificaciones. Mientras tanto, Estados Unidos, que practica la forma de capitalismo de mercado más pura de todo el mundo, disfruta de la distinción negativa de tener la pobreza más grave de todas las naciones industrializadas avanzadas. Uno de cada cuatro niños estadounidenses vive ahora por debajo de la línea de pobreza. Estados Unidos disfruta también de la tasa de delincuencia más elevada del mundo industrializado. De hecho, el 25% de los presos del mundo están ahora mismo encarcelados en Estados Unidos. El 2% de los varones trabajadores adultos de EE UU están tras los barrotes carcelarios.

¿Se puede salvar el capitalismo? Sí, pero sólo si estamos dispuestos a mantener un debate sincero y abierto sobre qué hace bien y qué hace mal. La fuerza del capitalismo es también, paradójicamente, su debilidad. El mercado apoya la búsqueda del interés individual y es, por consiguiente, casi patológicamente innovador. La asunción de riesgos individuales, el espíritu empresarial, la innovación tecnológica y los aumentos de productividad superan a los de cualquier otro sistema económico jamás ideado. Este punto, creo, es en general aceptado por todos.

Pero después hay que plantear la cuestión más problemática: ¿qué hace mal el capitalismo? No distribuye equitativamente los frutos del progreso económico. Eso se debe a que la lógica de la sala de juntas es siempre la de reducir los costes de producción para maximizar los beneficios y el valor para el accionista. Esto significa reducir, siempre que sea posible, la parte de los beneficios que va a parar a los trabajadores, y reducir los gastos dedicados a conservar el medio ambiente natural del que depende toda actividad económica futura. El resultado es un mundo crecientemente dividido entre los que tienen y los que no, y una biosfera gravemente debilitada en manos de un interés propio carente de sentido de la responsabilidad colectiva.

¿Cuál es la respuesta? En un mundo globalmente conectado, en el que todos somos cada vez más vulnerables al comportamiento de los demás e igualmente dependientes de la buena voluntad de los otros para sobrevivir, la esperanza de la humanidad descansa en un equilibrio aristotélico que fomente y estimule el espíritu emprendedor del mercado, y al mismo tiempo atempere su propensión inherente a desbocarse y concentrar cada vez más poder en la parte superior de las pirámides empresariales mundiales. Las fuerzas compensadoras, en forma de fuerte movimiento sindical, de sociedad civil diversa y saludable, de partidos políticos comprometidos y vigilantes, deben controlar siempre las riendas de los posibles abusos y explotaciones de las prácticas capitalistas, garantizando una redistribución justa de los beneficios del mercado mediante los programas sociales adecuados y una red social apropiada sin asfixiar, no obstante, los incentivos del mercado. Se trata, de hecho, de un peligroso acto de equilibrio.

Irónicamente, resulta que en lugar de oponerlos, deberíamos considerar al capitalismo y al socialismo "manos visibles" complementarias que continuamente equilibran el interés propio individual en el mercado con un sentido colectivo de la responsabilidad por el bienestar de los demás en la sociedad. Si el interés propio material no se atempera con un sentimiento de responsabilidad social, la sociedad corre el riesgo de experimentar una fragmentación narcisista y la explotación de muchos por parte de unos pocos. Si el sentimiento de responsabilidad colectiva no deja cabida para el interés propio individual, perdemos la responsabilidad personal y nos arriesgamos a introducirnos en un reino de terror paternalista en manos de un Estado todopoderoso.

El modelo de economía social de mercado practicado en los países miembros de la Unión Europea se acerca más al mecanismo de "mano visible" que he descrito. Por desgracia, el debate económico que actualmente se vive en Europa amenaza con polarizar la opinión pública hacia los extremos, enfrentando las fuerzas de mercado sin restricciones a los dictados burocráticos del Estado de bienestar. La difícil tarea que tenemos entre manos es la de trazar un rumbo inteligente y complejo que mantenga una tensión equilibrada entre el espíritu emprendedor del capitalismo y la solidaridad social del socialismo, sin que ninguno de los sueños triunfe sobre el espíritu del otro. Al fin y al cabo, cada uno de nosotros personifica ambos espíritus. Deseamos perseguir nuestro interés propio y al mismo tiempo somos conscientes de nuestras responsabilidades con otros seres humanos. Una economía social europea reformada, que permita florecer a ambos aspectos del comportamiento humano, constituirá un modelo para el resto del mundo.

miércoles, junio 22, 2005

 

Demasiados

Mi viejo amigo y compañero Emilio Menéndez del Valle, ex-embajador y hoy eurodiputado socialista, propone en El País una asociación estratégica de la India con la UE.
Apoya su argumentación en el hecho, para él incuestionable, de que en el próximo y casi inmediato futuro, la "democracia hindú", junto con el esperpento chino (comunismo capitalista) regirán los destinos del planeta junto a los EUA.
Dar por sentado que esto -que es lo que pronostican los neocons- sucederá irremediablemente, forma parte de la moral derrotista que tratan de imponer todos los grandes medios de comunicación internacional que están al servicio descarado de la financierización de la economía. Son los mismos que animan al debate aquí y ahora sobre el modelo de Europa aprovechando la evidente debilidad coyuntural de los líderes unionistas y la fortaleza teórica y también coyuntural del paladín europeo de Bush.
Mi amigo Emilio se lo cree, al igual que demasiados socialistas que le hacen el juego descarado al gran capital europeo y a sus intereses en Asia.
Emilio conoce bien Jordania y en general el mundo árabe, pero me temo mucho que no ha pisado físicamente y por tiempo suficiente La India. Los que sí lo hemos hecho, sabemos que es el país con más desigualdades del planeta y con una estructura política atomizada y medieval. No existe ni el más remoto asomo de lo que aquí denominamos justicia social, ni siquiera conciencia de la misma. La explotación del ser humano es despiadada en extremo y todo ello se recubre de un nacionalismo agresivo y fuertemente imperialista (en eso coincide con China). Bien cierto es que esa alianza estratégica que se propugna será del gusto y conveniencia de los financieros europeos y estadounidenses, pero dudo muchísimo que le convenga en absoluto al 76% de trabajadores franceses que han votado contra el dumping social y fiscal extraeuropeo en el pasado referendum.
Emilio es un tipo encantador e inteligente, pero al igual que demasiados otros socialistas, ha disfrutado, de largo, de una vida muy comfortable y sin contacto directo con el sufrido pueblo llano que tiene grandes dificultades para llegar a final de mes. Para aquellos instalados desde siempre en el comfort y con pereza suficiente para no sumergirse en los problemas directos de los asalariados, de los jóvenes sin esperanza de empleo digno, de los mayores sin posibilidad de contratación, de las mujeres sin formación por servidumbre familiar y en general con todos nuestros parias occidentales, para éstos socialistas, los argumentos neoliberales mundializadores son casi irrefutables. Me anticipo a ser legítimamente imputado, por Emilio o por cualquier otro, de haber disfrutado del mismo status, gracias a mucho esfuerzo y trabajo, pero a diferencia de ellos, no he perdido nunca el contacto directo con la parte más doliente de la sociedad y tampoco he relativizado jamás mis principios socialistas.
No, Emilio, de la India y de China sólo podemos esperar la destrucción del estado de bienestar social europeo. Ni siquiera es deseable una cooperación en I+D+I, lo que saliera de ella, lo producirían ellos solitos, amparados por su desleal competencia basada en el dumping social.

martes, junio 21, 2005

 

Asalto británico al proyecto de unificación política europeo

Charles Degaulle, que tenía muchos defectos pero no el de ser antieuropeista, trató de impedir el ingreso de Gran Bretaña en la UE, sabedor de que su entrada emplazaba un caballo de Troya en su seno y enemigo de la integración política europea. El tiempo le ha dado sobrada razón. Ayer mismo, el social-liberal (mucho más de lo segundo) Tony Blair se confesaba ante el Parlamento Británico como nos cuenta hoy el corresponsal de El País:

"El primer ministro británico defiende ante el Parlamento su ruptura con el eje franco-alemán


WALTER OPPENHEIMER - Londres

EL PAÍS - Internacional - 21-06-2005

Tony Blair dejó ayer claro que no está para compromisos y que, al vetar los presupuestos europeos, hacía algo más que defender el cheque británico: estaba aprovechando la debilidad del eje franco-alemán para abrir una batalla en defensa del modelo de UE que quieren los británicos. En su comparecencia en los Comunes para dar cuenta de los desacuerdos de Bruselas, esquivó cualquier ademán reconciliatorio y, aunque se comprometió a trabajar por un acuerdo bajo presidencia británica, lo hizo refiriéndose sólo a los nuevos socios del Este, los más perjudicados por el fiasco presupuestario.
"Se ha dicho que la incapacidad de lograr un acuerdo ha profundizado la crisis de Europa; que la credibilidad de Europa exigía un acuerdo", dijo Blair en referencia a las duras declaraciones del presidente de turno de la UE, Jean- Claude Juncker, al término del Consejo Europeo en Bruselas. "No. La credibilidad de Europa exige el acuerdo adecuado. No el típico compromiso remendado entre todos de madrugada, sino un acuerdo que reconozca la naturaleza de esta crisis", añadió. "La crisis no es sobre la incapacidad de los líderes de Europa para ponerse de acuerdo entre ellos. Es sobre la incapacidad de los líderes de Europa para llegar a un acuerdo con la gente de Europa sobre las cuestiones que les preocupan", enfatizó, dando por sentado que los europeos defienden la posición británica y quieren suprimir las ayudas agrícolas.

Desde que franceses y holandeses rechazaron la Constitución europea, Blair no ha cesado de contribuir a agrandar la crisis. El primer ministro atribuyó de inmediato el rechazo francés a un modelo económico obsoleto y se comprometió a promover la reforma económica durante la presidencia británica de la UE, en el segundo semestre de este año. Luego paralizó el proceso de ratificación de la Constitución en el Reino Unido sin dar tiempo a que los Veinticinco debatieran una salida común. Ahora ha rechazado un acuerdo presupuestario que parecía asumible al convertir el debate presupuestario en una moción de censura contra todo el presupuesto.

Ayer ratificó esa posición. "No es un presupuesto preparado para el siglo XXI", proclamó retóricamente, y atacó no sólo el peso de la política agrícola común, sino el hecho de que la mitad de las ayudas estructurales seguirán beneficiando a los antiguos socios de la UE y no sólo a los de la ampliación. Blair se está comportando en esta crisis con una agresividad llamativa y ha llegado incluso a incluir a España entre sus aliados políticos, cuando el Gobierno español se opuso al acuerdo porque recortaba en exceso las ayudas que ahora recibe, una posición exactamente contraria a la de Blair.

El radicalismo de Blair parece tener dos explicaciones. Por un lado, al exacerbar la debilidad de los demás líderes de la UE, y en particular la del presidente francés, Jacques Chirac, y el canciller alemán, Gerhard Schröder, está proclamando su propia fortaleza. Hace unas pocas semanas se daba por sentado que el Partido Laborista ganó las elecciones "a pesar" de Blair y que la entrega de poderes a Gordon Brown se produciría tras el referéndum británico sobre la Constitución europea. Ahora, sin referéndum en el horizonte y con Blair izando la Unión Jack en Bruselas, hasta sus críticos callan, quizás porque odian a Europa aún más que a Blair. Mientras The Daily Telegraph pronostica ahora que Blair aún tiene futuro como primer ministro, The Times publica catastrofistas editoriales augurando -o quizás instigando- la disolución del euro.

Por otro lado, Blair parece haber visto una oportunidad única para abrir brecha en Europa e intentar imponer su visión. Una tarea en la que ayer recibió al cálido apoyo de un Partido Conservador que se declaró "encantado" de la firmeza del primer ministro en Bruselas mientras por los Comunes se paseaban las sombras de Margaret Thatcher, Winston Churchill, William Pitt y otros ilustres patriotas capaces de poner a los continentales en su sitio.

El primer ministro intentó reparar uno de los mayores errores tácticos de su estrategia: la patada que le dio el fin de semana al eje franco-alemán acabó en el trasero de los países de la ampliación. Blair demostró que puede desairar con el mismo menosprecio que Chirac y los nuevos socios empezaron a descubrir que, ideologías al margen, el dinero es siempre un argumento de peso en Bruselas. "Entiendo por completo las preocupaciones de los países de la nueva Europa", dijo Blair ayer. "Quieren un acuerdo. Haremos todo lo posible para conseguir ese acuerdo y asegurarnos de que cubre sus necesidades".


La crónica es bastante expresiva y no necesita de mayores comentarios pero falta uno y es muy importante para nosotros.

¿Por qué incluye a Zapatero Blair entre sus actuales aliados, pese a hacer defendido ZP la disminución progresiva de las ayudas estructurales y de cohesión hacia España?

La respuesta no puede ser otra que existe un proyecto de pacto que permita a ZP subirse al carro social-liberal, y, las señales emitidas deben de ser muy firmes para que se atreva a tanto Blair ante su parlamento.

Desde aquí nos vemos obligados a denunciar cualquier intento de nuestro gobierno de aliarse con aquellos que detestan Europa y propugnan que subsista como un mosaico de mercaderes asociados. Nos oponemos frontalmente a ninguna clase de oportunismo político que surva para debilitar el proceso de integración política europea y atente contra su estado de bienestar social.
ZP está perdiendo una ocasión histórica de liderar y propugnar el despegue inmediato de la Europa de las dos velocidades, situando a España a la cabeza del modelo político integrador europeo. Considerando la inexperiencia de ZP en temas de exterior y la espantosa asistencia que recibe de un inutil probado como es Moratinos, nos tememos lo peor. Si eso se confirma, Zapatero habrá dado la medida completa de la mediocridad que le atribuyen muchos de nuestros lectores y compañeros.

lunes, junio 20, 2005

 

Actualidad

Ni suben ni bajan si no todo lo contrario. El resultado de las autonómicas gallegas deja el poder en manos de los bonaerenses y su voto por correo.

En política no existen enemigos, sólo adversarios y, en el caso que nos ocupa, hay que reconocerle al PP la capacidad de conseguir en Galicia la cuasi mayoría absoluta, pese a la vejez del candidato. Por nuestra parte el mérito más significativo es, fundamentalmente, de Paco Vázquez, que ha desbordado al PP y al BNG en La Coruña.

Respecto a lo de gobernar en coalición con los cavernícolas nacionalistas, no es precísamente un éxito si no un problema más añadido a los demás pactos cavernícolas que tiene el partido y que le han llevado a una aparente deriva nacionalista que le situa en riesgo de traicionar lo más esencial de los principios socialistas: la igualdad y la solidaridad. Afortunadamente, en el Comité Federal del Partido, queda mucho sentido común y no es probable que se pase de las formas.

Con la legitimidad que nos otorga el defender públicamente una regeneración ética de los partidos socialistas europeos, debemos decir que el fin no justifica los medios en política y que mantenerse en el poder no es beneficio suficiente que justifique el hacerlo con pactos contra natura socialista. Como hemos dicho y repetido muchas veces, los socialistas somos internacionalistas y estamos en las antípodas ideológicas del tribalismo nacionalista, ya se produzca este en un escenario europeo, como reciéntemente ha sucedido, o ya se produzca en el ámbito del estado español.

viernes, junio 17, 2005

 

PATÉTICA EXHIBICIÓN

Resulta patética la exhibición de mediocridad que están ofreciendo los líderes europeos en la cumbre, sin excepciones.

Como bien dice hoy en su artículo "Europa Invertebrada", publicado en El País, Enrique Gil Calvo:

" Para comprender lo que está pasando, las explicaciones que se proponen vienen a coincidir con las dos grandes causas de invertebración diagnosticadas por Ortega. Ante todo, el particularismo nacionalista, pues el triunfo del no al TCE se atribuye en mucha mayor medida a razones internas de cada país que a un explícito rechazo de la integración europea. Y después, la rebelión contra las élites, pues los ciudadanos europeos cada vez se sienten menos representados por sus respectivas clases políticas, encerradas en sí mismas. Tan oligárquico y caciquil (por decirlo a la manera de Joaquín Costa) es el proceso de construcción europea que en el TCE ni siquiera se había previsto la posibilidad de que los ciudadanos rehusaran prestar su consentimiento civil: de ahí que, al sentirse excluidos, la mayoría esté reaccionando negándose a consentirlo, dada la falta de credibilidad de esta pseudo Constitución otorgada desde arriba........
La Unión Europea ha fracasado a la hora de europeizar a sus ciudadanos integrándoles en una misma comunidad cívica. No ha podido hacerlo desde abajo al modo anglosajón porque las diversas poblaciones europeas son muy particularistas, encerradas como están en sus respectivas sociedades civiles estancas entre sí, cada una de ellas dotada de su propio idioma y su propia opinión pública. Y no ha logrado hacerlo desde arriba porque sólo lo ha intentado de forma excluyente y tecnocrática, renunciando a incentivar la participación de los ciudadanos en la construcción europea. Es verdad que, dado el actual laicismo secularizador, ya no se puede imponer desde arriba un nacionalismo europeo inventado. Pero sí se podría intentar lo que ya logró Bismarck, que fue integrar al pueblo alemán mediante pensiones públicas y servicios sociales, pues así también se suscita la participación cívica y se crean relaciones de integración y pertenencia. Esto es lo que no ha hecho Bruselas, que siempre ha rechazado integrar a los europeos mediante una cohesiva política social. Y en ausencia de tal sentimiento de comunidad, los europeos no se sienten miembros integrantes de ninguna unidad superior, sino que permanecen aislados en sus respectivos particularismos nacionales. La consecuencia es una constelación multinacional por el estilo del antiguo Imperio Austro-Húngaro, incapaz de actuar como un sujeto político unificado. "

Bien al contrario, los supuestos líderes europeos sí que se han puesto de acuerdo para negar rotundamente la posibilidad de rehacer el TCE siguiendo las claras indicaciones de los electorados refrendatarios de los países fundadores que ya han votado. Así, los eurobarómetros realizados para investigar las causas del no, afirman categoricamente que la mayor parte de los franceses (el 62%) y de los holandeses (65%) cree que su rechazo a la Constitución europea ayudará a renegociar un texto más social, según los sondeos encargados por la Comisión Europea tras la celebración de ambos referendos. En Francia, tres de cada cuatro ciudadanos consideran necesario elaborar una Constitución para avanzar en la construcción europea.

La ceguera caciquil de los supuestos líderes les impide entender que la solución es más Europa y caminar seriamente hacia la unificación política. Uno a uno, sin excepciones, los pequeños paises europeos son el reino de Liliput frente a los EUA o China. Hasta para el más ciego mental debiera ser perceptible que no podemos defender nuestro estado de bienestar social desde los minúsculos reinos de Taifas europeos actuales, no, en la era de la mundialización trucada al servicio de la financierización de la economía. Como también debería de serles evidente que esa unificación europea sólo es viable a través de las cooperaciones reforzadas establecidas en los arts. 42 y 43 del Tratado de Niza, esto es, la Europa de las dos velocidades. Jamás, Gran Bretaña, Luxemburgo y afines, permitirán una Unión Europea social -que es lo que demandan los ciudadanos europeos- Pero no pueden, técnicamente (con los tratados en vigor en la mano), impedir que un grupo de países progresistas avancen cuanto quieran.

Ayer nos contaba en un mail un conocido y significativo eurodiputado socialista francés, que nuestro Manifiesto es el mejor documento que se ha leído en la Unión acerca del dianóstico del problema europeo y de sus posibles soluciones, que es sólo cuestión de tiempo que su racionalidad se imponga entre los socialistas europeos, pero que los diferentes líderes socialistas que gobiernan hoy carecen del valor necesario para tomar el toro por los cuernos (expresión curiosa viniendo de un francés).

Por el momento seguiremos asistiendo, consternados, al desagradable espectáculo de ver a nuestros líderes defendiendo intereses caciquiles, ya sean estos cheques, políticas agrícolas o fondos estructurales y de cohesión, en vez de proponer una nueva constitución que satisfaga a los ciudadanos y el lanzamiento de una unión política acelerada.



lunes, junio 13, 2005

 

entrevista al compañero Felipe González

El pasado domingo 16.06-2005, “El País” publicó una interesante entrevista hecha por Soledad Gallego a Felipe González. De la misma nos interesaron algunas afirmaciones de FG en relación con el problema de la construcción europea que aquí exponemos.

FG apunta, con razón, que “lo que más ha condicionado la definición y el avance del proyecto europeo no ha sido la ideología, sino una experiencia vital compartida”, experiencia que refiere al sentimiento compartido del pathos europeo que creó la dinámica de una Unión Europea, con todos sus altibajos”, entendiendo por el mismo el propósito fundacional de crear una Europa Unida que acabase con el sangriento pasado de sus estados. Añade FG que “esto, como experiencia vital compartida, desapareció. Ahora, hay que transformar el pathos o el ethos que da nacimiento a Europa; hay que buscar una nueva ética de la construcción europea, no para superar los males históricos de la guerra, sino para definir nuestro papel en el nuevo escenario que crea la revolución tecnológica y la globalización. Eso falta, y es parte del rechazo que se está produciendo respecto del pacto constitucional.”

Para FG el rechazo experimentado es reversible. “Lo que tenemos que asumir todos, pero sobre todo, a mi juicio, los que mandan, es que la gente no sabe con qué propósito se está construyendo Europa y no sabe qué papel va a tener Europa en la globalización; qué papel va a tener hacia fuera, que la haga relevante, y qué papel va a tener hacia dentro, que mantenga la cohesión entre esa ciudadanía supranacional”.

FG afirma la seriedad de la crisis actual y la necesidad de “darle a Europa nuevos objetivos, nuevos propósitos, nuevos procedimientos de tomas de decisiones y algunas cosas más que a mí me cuesta mucho trabajo decir porque se van a interpretar mal: hay que revisar el acquis para descargar a Europa de cosas que pueden no ser relevantes ni para su papel en el mundo ni para la cohesión interna y que sencillamente responden a una acumulación históricamente comprensible, pero actualmente incomprensible.”……

Está por hacer algo que a mí me llama la atención. Ha habido un debate, que todavía colea, sobre cómo se reparte el poder en Europa, quién pesa más, quién menos. Pero no ha habido un debate sobre cuál es el poder europeo que queremos y necesitamos para ser relevantes en la nueva situación de la globalización... relevantes hacia fuera y hacia dentro. Que eso no se haya hecho a estas alturas produce, a mi juicio, un grado de desconcierto e incomprensión importante entre los ciudadanos. Sabemos que ya no somos lo que fuimos, pero no sabemos qué es lo que vamos a ser……..”

A la pregunta de si ¿es posible fijar esos objetivos con 25 miembros? responde que sí, “si son los 25 dirigentes los que se reúnen de verdad, y están un fin de semana reunidos fuera de los consejos ordinarios y se sientan a una mesa y no tienen la pasión de decir -que me espere el de la televisión para contarle a mi país cuánto he sacado- de una reunión, que no es para sacar, sino para meter. Es posible crear el ambiente necesario, pero hoy no estamos en eso, estamos en un atasco monumental. El primer fallo es que cuando hay un terremoto se puede discutir si es de grado cinco u ocho, pero no negar que ha habido un seísmo. Lo primero es hacerse cargo del estado de ánimo de la gente, que es el propio del terremoto. La parálisis siempre se produce cuando se desconoce la evidencia. Y es evidente que ha pasado algo.”

FG desaconseja tomarse un tiempo de reflexión, “si es una reacción a la parálisis. Otra cosa es que se decida una reflexión operativa y que se tome tiempo para ello. Son dos cosas radicalmente distintas. ¿Quiere tomarse tiempo de reflexión? De acuerdo, pero sólo si se articula esa reflexión haciendo lo que se ha hecho muchas veces en Europa; que busquen a cuatro, cinco, seis personas que sepan algo de esto (les suelen llamar sabios, con lo cual los hunden), y que les digan: investiguen en serio, acérquense a la realidad, vean de qué grado es ese terremoto y dennos un par de hipótesis de cómo se podría reaccionar. Con toda libertad, pero implicando a los países y las instituciones. La combinación que les dé la gana, pero creen rápidamente un grupo de emergencia para trabajar, no para decirles a los líderes lo que tienen que hacer, pero sí para trabajar en hipótesis que permitan salir del embrollo. Entonces, te puedes tomar el tiempo que quieras, pero trabajando.”

Cuando se le indica que muchos análisis sobre lo ocurrido en Francia y en Holanda indican que los ciudadanos temen que el modelo de Europa que se está haciendo no sea capaz de garantizar el Estado de bienestar que se alcanzó gracias a un planteamiento nacional, responde, en parte, lo mismo que nosotros afirmamos en nuestro Manifiesto. FG dice que “el Estado nacional tampoco lo garantiza” y nosotros afirmamos que no existen soluciones nacionales y sólo se vislumbran por la vía de la unificación/concertación europea. Discrepamos, por consiguiente en la afirmación de FG de que no se puede hacer entre todos, y lo hemos hecho con una fuerte exposición argumental y propuestas concretas de acción instrumentables a través de un bloque europeo autónomo.

Respetuosamente entendemos que FG se contradice al afirmar que se puede mantener el modelo modificándolo de la manera que él sugiere. Así, por un lado afirma y es correcto, que no podemos competir por salarios baratos con los países del Sur (lapsus evidente pues de seguro se refiere al extremo Oriente), para contradecirse (más adelante) al afirmar que “no podremos mantener nuestro modelo si la productividad por hora de trabajo es menor que la americana y que la asiática………. ¿Que tiene que haber cuatro turnos, o cinco? Puede ser. Quizá.”

Las preguntas para FG son sencillas: ¿cuántas horas de trabajo y turnos serán necesarios para competir con la productividad asiática? ¿a qué salarios de promedio? ¿Acaso 24 h/día, un turno de 24h y con un salario de 3 dólares?

Es preocupante que FG no mencione el dumping social descomunal asiático, los salarios de miseria, la desprotección social, el descontrol y la amenaza ecológica que viene de Asia y otros temas igualmente sustanciales. No compañero González, mientras haya mil millones de seres humanos dispuestos a trabajar por 2 dólares diarios no hay competencia posible en términos de productividad. El análisis y las soluciones están en nuestro manifiesto y no las reiteraremos aquí (favor de molestarse en leerlo).

Sí que estamos de acuerdo con FG en que Europa tiene que avanzar en serio tecnológicamente y probablemente tenga también razón cuando afirma que “lo que más frena eso (el desarrollo tecnológico) son las cúpulas del poder económico financiero, político y sindical, que funcionan corporativamente.” No obstante recomendamos leer la aportación al manifiesto realizada por el excomisario europeo de Investigación, Desarrollo e Innovación, compañero Phillipe Busquin.

También estamos de acuerdo en la afirmación de FG de que “la rigidez que existe no viene exactamente del modelo social……... Viene de la corporativización de las relaciones de poder entre las cúpulas. La verdad es que yo tengo mis dudas de que los líderes europeos lo comprendan. Que me perdonen, pero como no aspiro a ser presidente de la Comisión, puedo decirlo. Nosotros no éramos ni mejores ni peores. Pero teníamos una capacidad de entendimiento y, en el sentido más noble, de complicidad en el propósito, que permitía hacer masa critica y avanzar”…………… aunque sea duro decirlo, el problema hoy es que no existe una orientacion. No veo esa orientación, y parece que los ciudadanos, tampoco. Yo no soy de los menos informados, tengo un cierto nivel de información. Y no sé qué propósito tiene todo esto y si no es puro oportunismo.”

De acuerdo, compañero FG, coincidimos también en la conclusión.

sábado, junio 11, 2005

 

Ominoso silencio

Ante el ominoso silencio de la prensa y medios catalanes frente al manifiesto de los 16 intelectuales catalanes contra la política de aislacionismo del presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, presentado el pasado 7 de junio, nos ha parecido oportuno reproducirlo aquí:

"Después de 23 años de nacionalismo conservador, Cataluña ha pasado a ser gobernada por el nacionalismo de izquierdas. Nada sustantivo ha cambiado. Baste con decir que el actual Gobierno ha fijado como su principal tarea política la redacción de un nuevo Estatuto de Autonomía. Muchos ciudadanos catalanes creemos que la decisión es consecuencia de la incapacidad del Gobierno y de los partidos que lo componen para enfrentarse a los problemas reales de los ciudadanos. Como todas las ideologías que rinden culto a lo simbólico, el nacionalismo confunde el análisis de los hechos con la adhesión a principios abstractos. Todo parece indicar que, al elegir como principal tarea política la redacción de un nuevo Estatuto para Cataluña, lo simbólico ha desplazado, una vez más, a lo necesario.

La táctica desplegada durante más de dos décadas por el nacionalismo pujolista -en la que hoy insiste el tripartito- ha consistido en propiciar el conflicto permanente entre las instituciones políticas catalanas y españolas e, incluso, entre los catalanes y el resto de los españoles. Es cada vez más escandalosa la pedagogía del odio que difunden los medios de comunicación del Gobierno catalán contra todo lo "español". La nación soñada como un ente homogéneo ocupa el lugar de una sociedad forzosamente heterogénea.

El nacionalismo es la obsesiva respuesta del actual Gobierno ante cualquier eventualidad. Lo único que se le resiste son los problemas, cada vez más vigorosa y complicados. Por ejemplo, el de la educación de los niños y jóvenes catalanes. La política lingüística que se ha aplicado a la enseñanza no ha impedido que los estudiantes catalanes ocupen uno de los niveles más bajos del mundo desarrollado en comprensión verbal y escrita. Este es sólo uno de los más llamativos resultados de dos décadas de gestión nacionalista. Dos décadas en las que el poder político, además, ha renunciado a aprovechar el importantísimo valor cultural y económico que supone la lengua castellana, negando su carácter de lengua propia de muchos catalanes.

La decadencia política en que ha sumido al nacionalismo a Cataluña tiene un correlato económico. Desde hace tiempo la riqueza crece en una proporción inferior a la de otras regiones españolas y europeas comparables. Un buen número de indicadores cruciales, como la inversión productiva extranjera o las cifras de usuarios de Internet, ofrece una imagen de Cataluña muy lejana del papel de locomotora de España que el nacionalismo se había autopropuesto. Su reacción ha sido la acostumbrada: atribuir la decadencia económica a un reparto de la Hacienda Pública supuestamente injusto en Cataluña. Cabe recordar que una de las acusaciones tradicionales de la izquierda al anterior Gobierno conservador había sido, precisamente, la de no saber gestionar con eficacia los recursos de que disponía y practicar una política victimista que ocultara todos sus fracasos de gestión. Poco tiempo ha necesitado el tripartito para adherirse a esta reacción puramente defensiva, que, además, ha incurrido con frecuencia en la inmoralidad. Alguno de sus consejeros no ha tenido mayor inconveniente en afirmar que, mientras el norte español trabaja, el sur dilapida. No parece que el creciente aislamiento de Cataluña respecto de España y que su visible pérdida de prestigio entre los ciudadanos españoles hayan contribuido a paliar esta decadencia.

Sin embargo, el nacionalismo sí ha sido eficaz como coartada para la corrupción. Desde el caso Banca Catalana hasta el más reciente del 3% (que pasará a la Historia por haber provocado una de las más humillantes sesiones que haya vivido un Parlamento español), toda acusación de fraude en las reglas de juego se ha camuflado tras el consenso. Un consenso que no sólo se manifiesta en los escenarios del parlamentarismo, sino que forma parte del paisaje. Puede decirse que en Cataluña actúa una corrupción institucional que afecta a cualquier ciudadano que aspire a un puesto de titularidad pública o pretenda beneficiarse de la distribución de los recursos públicos. En términos generales, el requisito principal para ocupar una plaza, recibir una ayuda o beneficiarse de una legislación favorable, es la contribución al mito identitario y no los méritos profesionales del candidato o el interés práctico de la sociedad.

Como las fuerzas políticas representadas hoy en el Parlamento de Cataluña se muestran insensibles ante este estado de cosas, los abajo firmantes no se sienten representados por los actuales partidos y manifiestan la necesidad de que un nuevo partido político corrija el déficit de representatividad del Parlamento catalán. Este partido, identificado con la tradición ilustrada, la libertad de los ciudadanos, los valores laicos y los derechos sociales, debería tener como propósito inmediato la denuncia de la ficción política instalada en Cataluña.

Oponerse a los intentos cada vez menos disimulados de romper cualquier vínculo entre catalanes y españoles. Y oponerse también a la destrucción del razonable pacto de la Transición que hace poco más de 25 años volvió a situar a España entre los países libres. La mejor garantía del respeto de las libertades, la justicia y la equidad entre los ciudadanos, tal y como se conciben en un Estado de Derecho, reside en el pleno desarrollo del actual régimen estatutario de las autonomías, enmarcado en la Constitución de 1978. Es cierto que el nacionalismo unifica trasversalmente la teoría y la práctica de todos los partidos catalanes hasta ahora existentes; precisamente por ello, está lejos de representar al conjunto de la sociedad. Llamamos, pues, a los ciudadanos de Cataluña identificados con estos planteamientos a reclamar la existencia de un partido político que contribuya al restablecimiento de la realidad".

Firmantes: Félix de Azúa, Albert Boadella, Francesc de Carreras, Arcadi Espada, Teresa Giménez Barbat, Ana Nuño, Félix Ovejero, Félix Pérez Romera, Xavier Pericay, Ponç Puigdevall, José Vicente Rodríguez Mora, Ferran Toutain, Carlos Trías, Iván Tubau y Horacio Vázquez Rial."


Sobre dicho Manifiesto, Agora Socialista (para quien no lo sepa, colectivo socialista que opera con demostrado coraje desde la época de la clandestinidad), publicó el siguiente documento de posicionamiento:

“Por una Cataluña plural y plenamente democrática
AGORA SOCIALISTA, Corriente crítica del PSC/

Ágora Socialista, que desde su fundación ha dado muestras de su compromiso con los valores del socialismo democrático y con los derechos de ciudadanía, justo en el momento en el que asistimos a un proceso de aceleración de la vida política en Cataluña, manifiesta:

1 - Que AGORA SOCIALISTA no ha participado, ni directa ni indirectamente, en la elaboración del documento «Por un nuevo partido político en Cataluña».

2 -Una vez accedido al citado documento, tras analizarlo y debatirlo en nuestra Comisión Permanente, declaramos compartir la mayor parte de éste, excepción hecha de aquello que parece desprenderse de su título y de las palabras que se pronuncian por la necesidad de un nuevo partido político en Cataluña. En efecto, es conocida nuestra preocupación por la existencia de un gran vacío en la representación política de la sociedad de Cataluña; lo hemos denunciado en nuestros documentos, propuestas y análisis. Es tan grave esta situación que la hemos denunciado como un gran daño a la democracia misma, ejercido con pasmosa indiferencia por la clase política al asumir la abstención como un hecho consustancial, cuando no deseado, para no perjudicar el «idilio catalán». Pero no es menos cierto que en esos mismos documentos abogamos por la necesidad de que sea el PSC el partido capaz de representar a tanto desamparado político, para lo cual tiene que elaborar un nuevo discurso a la totalidad y tiene que dotarse de un nuevo liderazgo creíble para su explicación y defensa. Ni el discurso actual del PSC, ni su minoría dirigente nos merece crédito para cumplir este cometido, por lo que son necesarias correcciones a la deriva nacionalista, a la pérdida de fidelidad a su proyecto fundacional, a la lealtad y a la fraternidad con el resto del PSOE y con los demás pueblos de España, muchos de cuyos descendientes constituimos la espina dorsal del socialismo catalán y de la propia Cataluña como país.

3 - En todo caso, queremos hacer constar nuestro respeto hacia ese documento y hacia todos y cada uno de los promotores y firmantes, coherentemente con la participación y el apoyo que muchos de nuestros compañeros de Ágora y del Partido Socialista dieron en su momento a documentos de mayor calado como fueron los manifiestos del Foro Babel «Sobre el uso de las lenguas oficiales de Cataluña» (Abril, 1997) y «Por un nuevo modelo de Cataluña» (Julio, 1998), los cuales, en lo esencial, se mantienen vigentes y necesarios ante la situación de huída hacia la nada de unos y el despertar de modorra de otros.

4 - Por otra parte y en relación con la correctísima carta que un numeroso grupo de compañeras y compañeros socialistas han enviado a dirigentes orgánicos e institucionales del PSC y del PSOE, para trasladarles un extenso y atinado análisis de la situación en Cataluña y en el seno del PSC, desde Ágora Socialista no podemos sino celebrar esta iniciativa y señalar nuestra coincidencia plena con los argumentos que desarrolla. Confiamos además en que la unidad de criterio, de formas y de objetivos acabe comportando la unidad de acción.

5 - Finalmente, en nuestra apuesta y nuestro compromiso por una Cataluña plural dentro de una España plural, y desde el ámbito del socialismo democrático, hacemos un llamamiento a todas las fuerzas progresistas y democráticas, así como a todos los sectores ciudadanos, para unir esfuerzos en esta nueva lucha pacífica y democrática contra este régimen que nos atenaza.

Barcelona 2 de Junio de 2005"


Ágora Socialista es también la autora del siguiente análisis sobre la política del Tripartito:

"NO EN NUESTRO NOMBRE

ÁGORA SOCIALISTA, CORRIENTE CRÍTICA DEL PARTIDO SOCIALISTA DE CATALUÑA

Dado el auge argumental en Cataluña sobre fiscalidad territorial, la justicia derivada de ese reparto y su inclusión en el nuevo estatuto, queremos aclarar:

1. Hablar del déficit fiscal de Cataluña es una trampa conceptual, puesto que hablamos de un sujeto fiscal inexistente. Y si no hay sujeto, ¿cómo hablar de sus atributos? Cataluña no tiene déficit, tampoco superávit. Quienes pagan impuestos son los ciudadanos, unos más y otros menos, al igual que perciben un retorno en forma de servicios del Estado. Por supuesto, la aportación de cada uno no guarda relación con el retorno que obtiene. Esto es obvio, pues si fuera proporcional ¿para qué pagar impuestos? Es más fácil que cada uno se costee todas sus necesidades, evitando todo el aparato de la recaudación y de la redistribución. Pero entonces ¿para qué el Ministerio de Hacienda?, ¿para qué el Estado?, ¿para qué la Generalitat?

2. De nuevo la anulación de diferencias de clases y de intereses en Cataluña. La seducción del discurso es evidente, si el déficit es de Cataluña, los buenos catalanes debemos reivindicar su reparación. De una tacada se eliminan las diferencias de los ciudadanos, no ya en sus particulares cuentas con el fisco, sino, en sus convencimientos profundos respecto a qué función deben cumplir los impuestos y, en última instancia, cuál es el papel del Estado y cuál debe ser su tamaño (terreno conceptual donde las diferencias entre derecha e izquierda difieren tanto)

3. Otra trampa: reivindicar la compensación del «déficit» es una explicación en positivo de la deuda de la Generalitat. Es decir, la deuda no es una consecuencia de una gestión incorrecta, sino que se debe a la insuficiencia crónica de recursos. Esto sencillamente es falso; hasta los más humildes saben que las deudas no dependen tanto de lo que se tiene, que es lo pactado y aceptado, como con lo que se gasta: la prestación de servicios y la administración de recursos de la Generalitat, examinada con la perspectiva del tiempo, no ha sido precisamente ejemplar, mientras que la dotación de presupuestos para Presidencia o el coste del aparato administrativo es tan alta como difícil de justificación y de control (y no entremos en las necesidades surgentes: policía propia, representación exterior, TV3, publicaciones que nadie lee, etc) . Sin embargo, estas circunstancias, empleadas por los miembros del tripartito mientras eran oposición, han desaparecido ahora tras la «charlotada» del fiasco: «Vds. tienen un problema... se llama 3%». En efecto, la argumentación sobre el «déficit» ha dado el perdón y la bendición a la política desarrollada por CiU y a su entramado de intereses. Mala gestión, clientelismo, comisionismo, nepotismo, intereses familiares y prácticas espurias, han dejado de existir. «Tot queda a casa».

4. Otra alerta más. Poniendo la cuestión fiscal y económica en primer plano se acaba enmascarando el tema del nuevo estatuto: la consagración de la dualidad de la sociedad catalana por la vía de la legitimación social de unos catalanes de rango principal sobre otros de rango subordinado. Se trata de dar carta de naturaleza al catalán como única lengua, relegando el castellano a mero accidente histórico, al tiempo que a sus hablantes a realidad social transitoria, que debe mantenerse supeditada a una dócil y muda integración.

5. Para acabar, convendría no utilizar la palabra solidaridad con largueza. Es más honesto hablar de justicia distributiva cuando se habla de impuestos. Solidaridad tiene que ver con la voluntad, mientras que justicia distributiva tiene que ver con la obligación legal consecuente con una organización social avanzada.

Lo decimos como catalanes y desde Cataluña. La manipulación demagógica y la argumentación para mantener privilegios de los ya favorecidos no la podemos avalar."

Desde este colectivo socialista valenciano, nos solidarizamos con nuestros compañeros catalanes de “Ágora Socialista” y de “Socialistas en Positivo”; denunciamos el fraude ideológico y desigualitario que propagan los infiltrados filonacionalistas en el socialismo democrático español y europeo, al tiempo que afirmamos la absoluta y total incompatibilidad entre nacionalismo y socialismo, esto es, entre tribalismo e internacionalismo, entre desigualdad e igualdad y entre la afirmación de privilegios históricos insolidarios y solidaridad. Es hora ya de acabar con los camelos seudoconceptuales. El culto a la llamada “diversidad” es antisocialista; en su sensibilidad y en su racionalidad, el ser humano es universal.

PLUSDEMOCRACIA

martes, junio 07, 2005

 

links

Siguiendo las indicaciones de nuestro entrañable compañero, Enrique Barón Crespo, eurodiputado socialista y ex-presidente del Parlamento, incluimos, con mucho gusto, los links sugeridos con el Grupo Socialista del Parlamento y con el Partido Socialista Europeo (PSE). Agradecemos su invitación "a construir más democracia y socialismo a partir del esfuerzo conjunto de todos los socialistas europeos", cosa que haremos, sin duda, en la medida de nuestras modestas posibilidades.

lunes, junio 06, 2005

 

cooperación

El grupo de reflexión de MASDEMOCRACIA ha aceptado la oferta de cooperación recibida del grupo de reflexión LA RÉPUBLIQUE SOCIAL EUROPÉENE, liderado por la eurodiputada socialista francesa Marie Noelle Lienemann y otros importantes eurodiputados franceses y alemanes. El proyecto francés guarda similitudes muy significativas con el nuestro y la colaboración entre ambos será indudablemente fructífera. Hemos creado un enlace para ilustrar sobre el proyecto francés.

domingo, junio 05, 2005

 

colaboración del compañero M. Phillippe Busquin

Incluimos en el Manifiesto la valiosa colaboración recibida del compañero belga M. Philippe BUSQUIN, eurodiputado del Grupo Socialista y Miembro Parlamento Europeo en varias e importantes Comisiones, Vicepresidente de la Internacional Socialista y varias veces ex-Ministro. Desde el mejor conocimiento teórico y práctico sobre la materia, el compañero Busquin nos aporta una importante reflexión acerca de I+D+I que hacemos propia. Gracias, compañero Busquin.

sábado, junio 04, 2005

 

EL ESPÍRITU DEL MANIFIESTO AVANZA EN EUROPA

Tras la lección de ciudadanía que nos han dado los franceses, debemos de felicitarnos de que nuestros compañeros belgas lancen, oficialmente, una propuesta formal de construcción europea auténticamente socialista y que lo hagan en perfecta sintonía con el contenido de nuestro Manifiesto. Para ello, proponen desarrollar la Europa de las distintas velocidades. Así, Elio di Rupo, líder de los socialistas belgas, avanzó ayer al primer ministro y aliado, el liberal Guy Verhofstadt, la idea de establecer "un núcleo duro de países que quieran ir juntos más lejos". "Es necesario mostrar la determinación de un núcleo de países para luchar contra el dumping social y fiscal y para crear una Europa solidaria", dijo. La mayoría de quienes votaron no en Francia se sumarían encantados.

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